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Meeting, meeting, meeting… [Lindsay]

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Meeting, meeting, meeting… [Lindsay]

Mensaje por Alexía Diamantidis el Lun Dic 19, 2011 9:23 pm

Otro día en el Campamento Mestizo, otras tareas, misma gente. No había gran cosa que cambiaba la verdad. A pesar de que cada día teníamos cosas diferentes que hacer, las volvíamos a hacer una y otra vez, a pesar de que el lapsus de tiempo entre éstas repeticiones era indefinido. Pero no siempre llegaban los campistas nuevos. Es cierto, lo admito, no conozco a todas las personas aquí, pero si me gustaría conocerlas. El único problema es que aún no logro vencer mi timidez por completo.

Hoy era un día diferente. Lo sentí en cuanto sentí los primeros rayos de sol en mi rostro. Me levanté y me arreglé para salir de la cabaña. No, no me arreglo como las hijas de Afrodita, con toneladas de maquillaje o tomando horas en decidir qué ponerme. Simplemente tomé el primero conjunto que vi y me lo puse. Respiré hondo y sentí esa sensación que me da cuando tengo inspiración. Sonreí y sin tardar más, tomé mi cuaderno y un lápiz y salí de mi cabaña. Caminé lentamente, ordenando las ideas dentro de mi mente y mirando el amanecer. Se sentía tan bien levantarse temprano; el espectáculo valía la pena. Después de varios minutos, llegué a la entrada del Campamento Mestizo. Sin asegurarme de si me estaban mirando o no, salí y me dirigí al pino de Thalía. Me senté debajo de éste y comencé a escribir.

Escribía y escribía sin parar. Me encantaba esa sensación, eso que te hace sentir como si las ideas que están dentro de tu mente fueran únicas y las mejores de la vida, que te hacen querer relatarlo todo sin necesidad de hablar, sino de escribir. Escribir era mi pasión, una de las cosas que más me gustaban, además de cantar. Claro, la arquitectura también me interesaba, pero no tanto como la escritura o el canto. Escribir me hacía sentir mejor, y la fresca brisa de la mañana me revitalizaba a cada minuto, dejándome sin descanso.

Cuando al fin se me acabó la inspiración, suspiré y admiré el resultado. Había escrito bastante y me enorgullecía de ello, a pesar de que, al terminar de escribir, me ponía pesimista. Ejemplo: ahora me sentía insegura con la teoría "Y si…" rondando en mi cabeza. No debería permitirme tantas inseguridades, pero así soy yo y no puedo cambiar. Al menos no de la noche a la mañana. Me apoyé contra el tronco del árbol mientras observaba desde aquí el Campamento. No sé cuanto tiempo pasé escribiendo pero había pasado bastante, ya que podía ver a un par de personas rondando por el Campamento y a otro par saliendo de sus respectivas cabañas. Todo comenzaba a retomar el ritmo habitual, pero lo que yo más quería era una jornada de descanso. Cronos y nuestros enemigos no descansan, pero luchar no debería ser nuestro pasatiempo. Luchar debería ser algo sólo en caso de emergencias, para poder disfrutar la vida sin tener esas sombrías perspectivas arruinándolo todo.

Después me puse a observar el otro lado del pino. La colina mestiza era grande, y no mucha gente venía aquí, puesto que para la mayoría de los mortales, aquí no hay nada salvo una miserable granja. Pobres mortales. No saben nada de nosotros, de los dioses, prefieren seguir creyendo en sus religiones monoteístas o en la ciencia que, como dijo Hermes, podría cambiar radicalmente en mil años más. Pero los dioses se las arreglan siempre. Tratan de que los mortales no descubran la verdad para salvarse el pellejo. Pero ¿por qué lo hacen? ¿No sería todo mejor si el mundo supiera la verdad? Bueno, lo sabrán algún día. Aunque la mayoría no nos creerían ni a nosotros ni a los dioses. Es muy difícil darles una prueba concreta de que los dioses de la mitología griega existen. Además, si no fuera por los romanos, los nombres griegos serían mucho más recordados y las matemáticas más avanzadas, los cuales me permitirían ser una de las mejores en lo de la arquitectura. Pero tenían que venir los romanos a arruinar todas las teorías de Arquímedes y arruinar las matemáticas y la sabiduría que nos aportaría todo eso en todos los objetos de culto que se han conservado. Los romanos luchaban por poder, mientras que los griegos luchaban por sabiduría. Obviamente, los griegos tenían más cerebro, y me enorgullezco de ellos, que supieron cómo descubrir cosas nuevas, ayudando así a la humanidad, mientras que los romanos se ocupaban de difundir nuestro culto como el de ellos, arruinando todo lo sagrado en el mundo de los griegos. Bueno, esa es mi opinión y no tienen para qué creerme, pero les digo por experiencia propia, que el mundo podría ser mucho mejor si los romanos no hubiesen intervenido en los descubrimientos de los griegos.

Suspiré y me volví a apoyar contra el tronco. La sombra me impedía ver los rayos de sol que me mantenían despierta, cerrando así los ojos y quedándome profundamente dormida. Cuando desperté, respiré hondo y me detuve inmediatamente al escuchar los pasos. Me inmovilicé y respiré lo menos que pude, haciendo todo lo posible por pasar desapercibida.
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Alexía Diamantidis
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